Esta podría ser, de hecho lo es, una historia más de las muchas que hemos podido leer sobre la trágica situación de maestros comprometidos con los postulados educativos de la Segunda República. Pero esta historia recupera algo importante: el recuerdo concreto e imborrable conservado en Sariegos (León) de Ricardo Rodríguez, un joven maestro de la localidad cuya peripecia personal sale ahora a la luz de la mano del profesor y escritor Alfredo Álvarez Álvarez.
Un recuerdo, imagino, conservado durante años en voz queda al que Alfredo Álvarez ha dado forma literaria probablemente tras una larga tarea de documentación sobre el personaje cuya trayectoria recupera desde sus primeros años, cuando se manifiesta su temprana vocación hacia el magisterio, hasta los últimos. Se trata de una narración que quiere ser fidedigna a los acontecimientos pero que no descarta, en absoluto, una aproximación subjetiva en su contexto. Así es como surge en primer plano la persona de Ricardo, al que la Guerra Civil encuentra en La Vecilla tras su primer destino como maestro en Cabañas, el pueblo cuyo recuerdo conservará siempre porque tardará mucho en haber otro y porque allí los pobres sabían que comer es la primera necesidad de las gentes.
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